domingo, 29 de octubre de 2017

Especial de Halloween #2: IIAAV #5


Backstage

Se suponía que aquella iba a ser una noche divertida. Hacía un mes que no salía debido a los exámenes y esa noche Ted y sus amigos, Jake y Summer, decidieron que era una buena idea festejar el final del trimestre yendo al toque de los Ravenous Devils en un pub que quedaba a media hora en ómnibus desde el campus universitario. Se suponía que iba a ser una noche de música, tragos y charlas.

Pero no fue nada de eso.

Ted sospechaba desde hacía varios meses que Jake y Summer tenían algo, lo que no sospechaba es que ese algo estuviera pudriéndose lentamente. Los primeros cuarenta minutos estuvieron llenos de silencios incómodos y varios intentos de empezar una conversación que murieron casi al instante con respuestas monosilábicas y gruñidos pasivo-agresivos. Para cuando llegaron al pub Ted ya no tenía ganas de estar allí.

De todas formas, lo intentó. La banda no había empezado a tocar, lo que significaba que no tenía excusas para abandonar a sus amigos en el frenesí del gentío y el baile, y por lo tanto debió tomar la segunda mejor opción. Sin mediar palabra con los otros dos, se dirigió a la barra y pidió el trago más grande que pudo encontrar... cuanto antes pudiera mitigar lo penoso de la situación, mejor.


En la trastienda la atmósfera tampoco era favorable. El bajista estaba tirado en el sillón desgastado refunfuñando mientras el baterista y el solista (y guitarrista) discutían sobre alguna otra estupidez irrelevante. Aquello llevaba horas y se estaban demorando a salir por esa única razón. La dueña del local ya había ido tres veces a pedirles que salieran y él estaba seguro que no vendría una cuarta vez. Perder un trabajo por el ego de dos idiotas... no se suponía que fuera de ese modo, no habían luchado tanto y arriesgado tanto para arruinarlo de ese modo. ¿Es que acaso no e daban cuenta de lo que estaban haciendo?, ¿de lo que estaba en juego?

¿Acaso él se daba cuenta? Se giró hacia la esquina más cercana a él, no se había dado cuenta de lo cerca que estaba de ella. Un escalofrío recorrió su espalda al darse cuenta de que ella le devolvía la mirada con aquellos ojos que decían claramente que debía detener a los otros dos imbéciles antes de que ella lo hiciera.

Bueno, ¡ya basta! A nadie le importa quién usa la bandana y quién se pintó o no las uñas, no sé si se han dado cuenta, pero estamos a punto de perder el trabajo... se aseguró de que el apremio en su voz fuera evidente y por si acaso señaló con su mirada a la esquina oscura, donde ella seguía parada mirándolos.
Pero...
Pero nada...
La banda tiene una imagen y si no la respetamos...

El bajista lanzó un grito desesperado antes de que el otro terminara su oración.

Salimos en tres minutos dijo cortante Me voy a asegurarme de que todo esté pronto en el escenario y a disculparme por ustedes dos idiotas.

Salió disparado fuera de la habitación y los dejó solos. Los otros dos se miraron un segundo, vacilantes, y luego notaron el frío repentino a sus espaldas.

Tengo hambre dijo la voz de una niña.


Media hora después de haber llegado Ted ya estaba un poco mareado y se reía de todos los comentarios que sus amigos hacían, incuso aquellos que no intentaban ser graciosos. La banda recién había empezado a tocar y poco a poco el ambiente comenzó a hacer aflojar las tensiones que había estado viviendo durante las semanas de poco o nada de sueño, entregas que terminaba a las cinco de la mañana y exámenes finales en anfiteatros enormes llenos de personas a las que jamás había visto en todo el semestre (probablemente porque había faltado todo lo que podía a las clases, especialmente si eran matutinas).
Ya no tenía miedo a los resultados, ni sentía la continua presión agobiante de la deuda estudiantil que estaba adquiriendo con cada curso que tomaba. Ya no le preocupaban sus padres que vivían en la costa este, ni el hecho de que todavía no hubiera decidido cuál iba a ser su principal licenciatura y si acaso quería hacer doble titulación como su hermana o una principal y una secundaria como su hermano... o si se dejaba guiar por sus instintos y mandaba todo al carajo.

Ted saltaba y cantaba canciones a las que no sabía la letra, guiándose por la melodía fuerte y rebelde que parecía decir sin palabras lo que él sentía en lo más profundo de su ser. Eso era lo que lo había guiado a los Ravenous Devils en primer lugar; si bien no los seguía desde hacía mucho, de hecho solo los había empezado a escuchar a raíz de la invitación por Facebook a aquel evento, desde el momento en que sintió las primeras tonadas en el primer video de la lista que la banda había armado en su página oficial supo que sería su nueva banda favorita. Había algo en su ritmo, una sensación casi paranormal que parecía atraparte desde el primer momento en que tocaban sus instrumentos. Eran solo tres músicos, pero a veces a Ted le daba la sensación de que había algo más tocando en aquellas grabaciones de estudio, y ahora que los tenía enfrente, sabía que ese algo era real y no alguna magia de postproducción.

Los Devils tocaron durante una hora. Una hora de absoluta dicha y libertad que Ted no podría pagar aun si no se hubiera gastado toda la plata que tenía en tragos para ignorar a sus amigos. Cuando el último de los músicos salió del escenario, Ted sintió un impulso de adrenalina que lo obligó a seguirlos a la trastienda. Necesitaba verlos y agradecerles por haber transformado una noche de absoluta desidia en un himno al final de curso. Estaba tan inmerso en su deseo que no notó que sus amigos se habían hecho a un lado y estaban besándose en la oscuridad. Tampoco le habría importado, a él ya no le importaba nada.

Pasó por entre el gentío apartando a todos con cuidado, si bien estaba un poco tomado, tenía la suficiente consciencia como para saber que no quería terminar en una tonta pelea de bar por haber empujado a la persona incorrecta. Llegó al escenario y, al notar que nadie lo detenía, se metió a través de las cortinas y caminó por el pasillo mal iluminado hacia la parte trasera del local, esperando no encontrarse con alguien que lo echara de inmediato de allí.

Cuando llegó al cuarto trasero se encontró con una puerta semi abierta y una habitación en penumbras con varias voces que discutían. Sintió, por primera vez que quizás no había sido buena idea haber ido allí. Las voces parecían enojadas o quizás ¿asustadas? y hablaban algo sobre comida que Ted no llegó a captar demasiado. Solo cuando oyó una risita con un eco que no tenía derecho a estar allí fue que dio un paso hacia atrás. Quizás era el momento de emprender la retirada, si se iba ahora no habría hecho ningún daño, nadie se enteraría que estaba allí, jamás hubiera molestado a lo músicos y sus amigos ni siquiera se habrían enterado que se fue de su lado.

Antes de que la idea llegara a fortalecerse del todo, la puerta de la trastienda se abrió de par en par y uno de los músicos o estaba mirando con una expresión un tanto aliviada que a Ted no le gustó nada.

¿Ves? Te dije que estábamos en eso dijo otro de los músicos, Ted creyó que era el baterista, pero no podía verlo bien.
Solo lo mejor para ti, Hayley sonrió el tercero.
¿Cómo te llamas, amigo? preguntó el de la puerta con una sonrisa amistosa claramente invitándolo a entrar.
Francamente, Bill, a mí no me interesa su nombre, no hay nadie en el pasillo, haz que entre gruñó una voz aguda y ronca a la vez desde una esquina oscura que Ted no alcanzaba a ver.

Antes de que pudiera salir corriendo, o de siquiera entender lo que le estaba pasando, el de la puerta lo agarró por el brazo y lo empujó adentro. Como una nube oscura algo se abalanzó sobre él, jamás llego a verlo, pero los últimos segundos que estuvo consciente los pasó intentando gritar por la agonía punzante que acaparó su cuello. El grito no llegó más allá de la puerta.



Doce horas después un reporte de desaparición llevaría a dos oficiales de policía a interpelar a la dueña del pub. Ella aseguró no haber visto nada y sin dudárselo les dio las grabaciones de las cámaras de seguridad y dejó que revisaran la propiedad. No tenía por qué hacerlo, pero no le gustaba la publicidad malintencionada que una negativa podía atraerle. Jake y Summer también fueron interrogados, ellos se habían ido al ver que Ted no estaba en el pub creyendo que su amigo había decidido cortar la fiesta temprano. En los laboratorios las imágenes de seguridad no mostraron nada, lo cual era incluso peor que si hubieran mostrado algo.

A todos los efectos, Ted Sullivan jamás había abandonado el pub, y sin embargo, no estaba en ninguna parte.

Se suponía que aquella iba a ser una noche divertida.