viernes, 27 de octubre de 2017

Especial de Halloween #1: Del otro lado


Buenas a todos, ¿cómo han estado? Yo he pasado un octubre terrible, y en los últimos días he tenido que estar recluida en mi casa con laringitis, resfrío y fiebres. Pero eso no me ha impedido crear un pequeño especial para este Halloween, con cuentos para helarles la sangre. En este corto especial habrá algunos #IIAAV y otros cuentos espeluznantes no relacionados a los vampiros.

Este es el caso de la primera entrada. Un cuento muy especial pues lo escribí para el #Clubdelectura.uy y su reunión de octubre (que fue hoy y a la que no pude asistir por estar enferma [llora sola en su cuarto]). Esta instancia tenía la particularidad de que debían ser microcuentos de terror de no más de 500 palabras, así que, lo que verán a continuación es mi esfuerzo por cumplir esa consigna. 

Sin más palabras, los dejo con la historia de esta noche. ¡Espero que les guste! 


Del otro lado



Hacía un par de días que había comenzado a notarlos. Iniciaron como sombras en las esquinas más alejadas de la casona. Como objetos que desaparecían o se convertían en otros durante el instante que rozaban el rabillo de sus ojos, para volver a la normalidad en cuanto los miraba fijamente.

Al principio había tomado la situación con calma. Su marido se había ido de viaje y estaba sola en casa, incurrir en aquellas alucinaciones solo incrementaría su manía y el doctor le había dicho que debía tener cuidado con las emociones fuertes.

Pero todo estaba empeorando progresivamente. Estaban en esos malditos espejos. Comenzó a verlos, primero como sombras antropomorfas, pero ahora eran personas completas. Los otros no parecían verla, pero suerte, pero eso no calmaba sus latidos cuando al ir al lavabo en lugar de su propio reflejo era recibida por la imagen de una señora extraña, con ropajes exóticos, rodeada de una habitación completamente distinta a en la que ella se encontraba.

En los otros espejos empezaron a ocurrir situaciones similares, pero prefería no pensar en ellos, pues allí se veía reflejado el cuerpo de un hombre enojado e impaciente, alguien con quien no quería cruzarse nunca. Al parecer la señora del lavabo tampoco, pues casi nunca aparecían juntos y cuando lo hacían, la habitación parecía llenarse de angustia y horror, y ella salía disparada sin ver nada.

La situación se volvió insostenible cuando una noche de insomnio —de las cuales había tenido muchas últimamente— decidió ir a refrescarse y se encontró con la figura de la misma señora de siempre parada frente a ella, reflejada en el espejo donde no debería haber otra cosa que ella misma. La otra estaba llorando desconsoladamente, su cara destrozada por el dolor y un corte sangrante en la boca. Pero lo peor de todo fue el momento en que al mirarla fijamente, notó que la otra también la estaba mirando.

Salió corriendo de la habitación y se dispuso a hacer una pequeña maleta. No importaba que fuera de noche, ella sabía andar a caballo y solo necesitaba llegar a lo de sus vecinos, que estaban a solo un par de kilómetros.

Mientras huía pasó frente al candelabro de la escalera principal. Aquel del cual había intentado colgarse después de que su esposo la abandonara para irse con otra, después de haber despedido a todos sus criados y haber ahogado a su bebé en la bañera.

No recordaba cómo había salido de aquella situación, solo sabía que hacía un par de días se había despertado en soledad y las sombras habían empezado a jugar en las esquinas.