domingo, 29 de octubre de 2017

Especial de Halloween #2: IIAAV #5


Backstage

Se suponía que aquella iba a ser una noche divertida. Hacía un mes que no salía debido a los exámenes y esa noche Ted y sus amigos, Jake y Summer, decidieron que era una buena idea festejar el final del trimestre yendo al toque de los Ravenous Devils en un pub que quedaba a media hora en ómnibus desde el campus universitario. Se suponía que iba a ser una noche de música, tragos y charlas.

Pero no fue nada de eso.

Ted sospechaba desde hacía varios meses que Jake y Summer tenían algo, lo que no sospechaba es que ese algo estuviera pudriéndose lentamente. Los primeros cuarenta minutos estuvieron llenos de silencios incómodos y varios intentos de empezar una conversación que murieron casi al instante con respuestas monosilábicas y gruñidos pasivo-agresivos. Para cuando llegaron al pub Ted ya no tenía ganas de estar allí.

De todas formas, lo intentó. La banda no había empezado a tocar, lo que significaba que no tenía excusas para abandonar a sus amigos en el frenesí del gentío y el baile, y por lo tanto debió tomar la segunda mejor opción. Sin mediar palabra con los otros dos, se dirigió a la barra y pidió el trago más grande que pudo encontrar... cuanto antes pudiera mitigar lo penoso de la situación, mejor.


En la trastienda la atmósfera tampoco era favorable. El bajista estaba tirado en el sillón desgastado refunfuñando mientras el baterista y el solista (y guitarrista) discutían sobre alguna otra estupidez irrelevante. Aquello llevaba horas y se estaban demorando a salir por esa única razón. La dueña del local ya había ido tres veces a pedirles que salieran y él estaba seguro que no vendría una cuarta vez. Perder un trabajo por el ego de dos idiotas... no se suponía que fuera de ese modo, no habían luchado tanto y arriesgado tanto para arruinarlo de ese modo. ¿Es que acaso no e daban cuenta de lo que estaban haciendo?, ¿de lo que estaba en juego?

¿Acaso él se daba cuenta? Se giró hacia la esquina más cercana a él, no se había dado cuenta de lo cerca que estaba de ella. Un escalofrío recorrió su espalda al darse cuenta de que ella le devolvía la mirada con aquellos ojos que decían claramente que debía detener a los otros dos imbéciles antes de que ella lo hiciera.

Bueno, ¡ya basta! A nadie le importa quién usa la bandana y quién se pintó o no las uñas, no sé si se han dado cuenta, pero estamos a punto de perder el trabajo... se aseguró de que el apremio en su voz fuera evidente y por si acaso señaló con su mirada a la esquina oscura, donde ella seguía parada mirándolos.
Pero...
Pero nada...
La banda tiene una imagen y si no la respetamos...

El bajista lanzó un grito desesperado antes de que el otro terminara su oración.

Salimos en tres minutos dijo cortante Me voy a asegurarme de que todo esté pronto en el escenario y a disculparme por ustedes dos idiotas.

Salió disparado fuera de la habitación y los dejó solos. Los otros dos se miraron un segundo, vacilantes, y luego notaron el frío repentino a sus espaldas.

Tengo hambre dijo la voz de una niña.


Media hora después de haber llegado Ted ya estaba un poco mareado y se reía de todos los comentarios que sus amigos hacían, incuso aquellos que no intentaban ser graciosos. La banda recién había empezado a tocar y poco a poco el ambiente comenzó a hacer aflojar las tensiones que había estado viviendo durante las semanas de poco o nada de sueño, entregas que terminaba a las cinco de la mañana y exámenes finales en anfiteatros enormes llenos de personas a las que jamás había visto en todo el semestre (probablemente porque había faltado todo lo que podía a las clases, especialmente si eran matutinas).
Ya no tenía miedo a los resultados, ni sentía la continua presión agobiante de la deuda estudiantil que estaba adquiriendo con cada curso que tomaba. Ya no le preocupaban sus padres que vivían en la costa este, ni el hecho de que todavía no hubiera decidido cuál iba a ser su principal licenciatura y si acaso quería hacer doble titulación como su hermana o una principal y una secundaria como su hermano... o si se dejaba guiar por sus instintos y mandaba todo al carajo.

Ted saltaba y cantaba canciones a las que no sabía la letra, guiándose por la melodía fuerte y rebelde que parecía decir sin palabras lo que él sentía en lo más profundo de su ser. Eso era lo que lo había guiado a los Ravenous Devils en primer lugar; si bien no los seguía desde hacía mucho, de hecho solo los había empezado a escuchar a raíz de la invitación por Facebook a aquel evento, desde el momento en que sintió las primeras tonadas en el primer video de la lista que la banda había armado en su página oficial supo que sería su nueva banda favorita. Había algo en su ritmo, una sensación casi paranormal que parecía atraparte desde el primer momento en que tocaban sus instrumentos. Eran solo tres músicos, pero a veces a Ted le daba la sensación de que había algo más tocando en aquellas grabaciones de estudio, y ahora que los tenía enfrente, sabía que ese algo era real y no alguna magia de postproducción.

Los Devils tocaron durante una hora. Una hora de absoluta dicha y libertad que Ted no podría pagar aun si no se hubiera gastado toda la plata que tenía en tragos para ignorar a sus amigos. Cuando el último de los músicos salió del escenario, Ted sintió un impulso de adrenalina que lo obligó a seguirlos a la trastienda. Necesitaba verlos y agradecerles por haber transformado una noche de absoluta desidia en un himno al final de curso. Estaba tan inmerso en su deseo que no notó que sus amigos se habían hecho a un lado y estaban besándose en la oscuridad. Tampoco le habría importado, a él ya no le importaba nada.

Pasó por entre el gentío apartando a todos con cuidado, si bien estaba un poco tomado, tenía la suficiente consciencia como para saber que no quería terminar en una tonta pelea de bar por haber empujado a la persona incorrecta. Llegó al escenario y, al notar que nadie lo detenía, se metió a través de las cortinas y caminó por el pasillo mal iluminado hacia la parte trasera del local, esperando no encontrarse con alguien que lo echara de inmediato de allí.

Cuando llegó al cuarto trasero se encontró con una puerta semi abierta y una habitación en penumbras con varias voces que discutían. Sintió, por primera vez que quizás no había sido buena idea haber ido allí. Las voces parecían enojadas o quizás ¿asustadas? y hablaban algo sobre comida que Ted no llegó a captar demasiado. Solo cuando oyó una risita con un eco que no tenía derecho a estar allí fue que dio un paso hacia atrás. Quizás era el momento de emprender la retirada, si se iba ahora no habría hecho ningún daño, nadie se enteraría que estaba allí, jamás hubiera molestado a lo músicos y sus amigos ni siquiera se habrían enterado que se fue de su lado.

Antes de que la idea llegara a fortalecerse del todo, la puerta de la trastienda se abrió de par en par y uno de los músicos o estaba mirando con una expresión un tanto aliviada que a Ted no le gustó nada.

¿Ves? Te dije que estábamos en eso dijo otro de los músicos, Ted creyó que era el baterista, pero no podía verlo bien.
Solo lo mejor para ti, Hayley sonrió el tercero.
¿Cómo te llamas, amigo? preguntó el de la puerta con una sonrisa amistosa claramente invitándolo a entrar.
Francamente, Bill, a mí no me interesa su nombre, no hay nadie en el pasillo, haz que entre gruñó una voz aguda y ronca a la vez desde una esquina oscura que Ted no alcanzaba a ver.

Antes de que pudiera salir corriendo, o de siquiera entender lo que le estaba pasando, el de la puerta lo agarró por el brazo y lo empujó adentro. Como una nube oscura algo se abalanzó sobre él, jamás llego a verlo, pero los últimos segundos que estuvo consciente los pasó intentando gritar por la agonía punzante que acaparó su cuello. El grito no llegó más allá de la puerta.



Doce horas después un reporte de desaparición llevaría a dos oficiales de policía a interpelar a la dueña del pub. Ella aseguró no haber visto nada y sin dudárselo les dio las grabaciones de las cámaras de seguridad y dejó que revisaran la propiedad. No tenía por qué hacerlo, pero no le gustaba la publicidad malintencionada que una negativa podía atraerle. Jake y Summer también fueron interrogados, ellos se habían ido al ver que Ted no estaba en el pub creyendo que su amigo había decidido cortar la fiesta temprano. En los laboratorios las imágenes de seguridad no mostraron nada, lo cual era incluso peor que si hubieran mostrado algo.

A todos los efectos, Ted Sullivan jamás había abandonado el pub, y sin embargo, no estaba en ninguna parte.

Se suponía que aquella iba a ser una noche divertida.

viernes, 27 de octubre de 2017

Especial de Halloween #1: Del otro lado


Buenas a todos, ¿cómo han estado? Yo he pasado un octubre terrible, y en los últimos días he tenido que estar recluida en mi casa con laringitis, resfrío y fiebres. Pero eso no me ha impedido crear un pequeño especial para este Halloween, con cuentos para helarles la sangre. En este corto especial habrá algunos #IIAAV y otros cuentos espeluznantes no relacionados a los vampiros.

Este es el caso de la primera entrada. Un cuento muy especial pues lo escribí para el #Clubdelectura.uy y su reunión de octubre (que fue hoy y a la que no pude asistir por estar enferma [llora sola en su cuarto]). Esta instancia tenía la particularidad de que debían ser microcuentos de terror de no más de 500 palabras, así que, lo que verán a continuación es mi esfuerzo por cumplir esa consigna. 

Sin más palabras, los dejo con la historia de esta noche. ¡Espero que les guste! 


Del otro lado



Hacía un par de días que había comenzado a notarlos. Iniciaron como sombras en las esquinas más alejadas de la casona. Como objetos que desaparecían o se convertían en otros durante el instante que rozaban el rabillo de sus ojos, para volver a la normalidad en cuanto los miraba fijamente.

Al principio había tomado la situación con calma. Su marido se había ido de viaje y estaba sola en casa, incurrir en aquellas alucinaciones solo incrementaría su manía y el doctor le había dicho que debía tener cuidado con las emociones fuertes.

Pero todo estaba empeorando progresivamente. Estaban en esos malditos espejos. Comenzó a verlos, primero como sombras antropomorfas, pero ahora eran personas completas. Los otros no parecían verla, pero suerte, pero eso no calmaba sus latidos cuando al ir al lavabo en lugar de su propio reflejo era recibida por la imagen de una señora extraña, con ropajes exóticos, rodeada de una habitación completamente distinta a en la que ella se encontraba.

En los otros espejos empezaron a ocurrir situaciones similares, pero prefería no pensar en ellos, pues allí se veía reflejado el cuerpo de un hombre enojado e impaciente, alguien con quien no quería cruzarse nunca. Al parecer la señora del lavabo tampoco, pues casi nunca aparecían juntos y cuando lo hacían, la habitación parecía llenarse de angustia y horror, y ella salía disparada sin ver nada.

La situación se volvió insostenible cuando una noche de insomnio —de las cuales había tenido muchas últimamente— decidió ir a refrescarse y se encontró con la figura de la misma señora de siempre parada frente a ella, reflejada en el espejo donde no debería haber otra cosa que ella misma. La otra estaba llorando desconsoladamente, su cara destrozada por el dolor y un corte sangrante en la boca. Pero lo peor de todo fue el momento en que al mirarla fijamente, notó que la otra también la estaba mirando.

Salió corriendo de la habitación y se dispuso a hacer una pequeña maleta. No importaba que fuera de noche, ella sabía andar a caballo y solo necesitaba llegar a lo de sus vecinos, que estaban a solo un par de kilómetros.

Mientras huía pasó frente al candelabro de la escalera principal. Aquel del cual había intentado colgarse después de que su esposo la abandonara para irse con otra, después de haber despedido a todos sus criados y haber ahogado a su bebé en la bañera.

No recordaba cómo había salido de aquella situación, solo sabía que hacía un par de días se había despertado en soledad y las sombras habían empezado a jugar en las esquinas.

jueves, 12 de octubre de 2017

Detectives en el Parque Rodó - Reseña #HelenThursday

¡Hola a todos! ¿Cómo han estado? Hoy les vengo con una reseña. Sí, escucharon bien, ¡una reseña! Es que hoy vengo con una propuesta que empezó con dos reseñas de Sofi del blog Erial y Ana Claudia del blog El Refugio del Dragón de Tierra, en aquel momento ellas e dedicaron su espacio las últimas dos novelas de nuestra querida autora uruguaya, Helen Velando: La isla de los vientos prohibidos y La trapecista solitaria, le llamaron #HelenThursday y de este modo inauguraron un espacio para apoyar y expandir la literatura de esta escritora que para nosotros los uruguayos es sinónimo de nuestra infancia y de buena literatura.

Hace tan solo una semana se entregó uno de los premios literarios más importantes del país, el Bartolomé Hidalgo, y Helen Velando ganó en categoría literatura infantil y juvenil con su trapecista solitaria y hace una semana, Sofi y Ana volvieron y reseñaron el libro que la otra había leído la primera vez. Ese jueves también marcó el inicio de la expansión del #HelenThursday a otros tres canales: Zesu del canal Adictaaa en Youtube, Stephi del blog Al filo de las hojas y quien les escribe.

Sofi, Ana, Zesu y Stephi les van a presentar dos libros que marcan la madurez y evolución de una maravillosa escritora, pero yo hoy les traigo uno de los primero libros de Helen Velando, un clásico de clásicos de nuestra literatura infantil: Detectives en el Parque Rodó.

Datos de mi edición

Sello editorial: Alfaguara Infantil
Fecha de publicación: 1999
Páginas: 147
Sinopsis: Gastón, Santiago y Pancho disfrutan de las últimas semanas de vacaciones. De pronto algo misterioso sucede: don Anselmo, un viejo pescador que vive cerca del muelle, desaparece. Los tres amigos no tendrán más remedio que transformarse en improvisados detectives para solucionar el misterio de esa desaparición. Verónica, Florencia y Sofía son tres amigas que los seguirán muy de cerca, para enterarse de lo que está ocurriendo. Y sin querer se verán envueltas en una increíble aventura.






Detectives en el Parque Rodó es una de las obras cimiento de Helen Velando, fue su tercer libro publicado y el primero para niños mayores de diez años. Como tal, tiene algunos detalles que como lectora de ocho o nueve años que fui al leerlo por primera vez no recordaba, pero que siendo mayor y habiendo estudiado literatura me suenan bastante fuerte. Sin embargo puedo decir que, a pesar de ser su primera novela, ya se notan todas las virtudes que Helen tiene como narradora.

Leer este libro fue como meterse en una cápsula del tiempo. Fue como volver no solo al momento en que lo leí por primera vez, sino también a mi época escolar en sus últimos años, a los momentos de cambio de la pubertad, a los juegos de niños que teníamos, a cosas maravillosas que viví, pero también a cosas malas que sufría.

La historia se desarrolla de forma dividida en dos perspectivas: la de los tres niños, con mayor focalización en Gastón; y la de las tres niñas, con mayor fuerza en la perspectiva de Verónica (la niña nueva en el barrio). Como escritora debo decir que esta no es una tarea fácil, tener seis personajes en la línea de fuego, con seis personalidades distintas que deben transpirar la historia y con seis motivaciones distintas que deben crear seis personalidades distintas, es muy fácil cometer errores. Encontramos algunos errores menores en este sentido, vemos que los chicos toman más importancia en la narración que las chicas, y es mucho más fácil distinguir a Pancho de Santiago y a Santiago de Gastón que hacerlo con las chicas; si bien Verónica es un personaje bien marcado, Florencia y Sofía son bastante intercambiables y es fácil confundirse con ellas.

Con respecto a el resto de la historia, me veo obligada a reseñarla desde dos perspectivas distintas para ser completamente justa con ella. La primera perspectiva es la de 1999, de la infancia que yo viví y de la adolescencia que recuerdo de mis primos, que eran ocho años mayores que yo. Puedo decir que esta novela transpira 1999. Cada palabra me recuerda a ello, me recuerda a mis tardes jugando en la calle con amigas (en sus casas, porque en mi barrio no había niños y tampoco nada que hacer), de los líos que se armaban, que yo nunca entendía mucho, pero que vivía con mucha fuerza de todas formas. Me recuerda la atmósfera de libertad y de seguridad que nosotros sentíamos (de ninguna forma clamo que fuera más seguro entonces, solo que a nosotros los adultos nos hacían sentir que todo era seguro, lo cual, en perspectiva, me resulta bastante inocente de su parte). Las palabras que los chicos utilizan me resultan muy acertadas (no en su totalidad, pues hay algunas que no reconozco dentro de la jerga de la época) y me dan esa sensación de los noventa (para bien y para mal).

La historia está muy bien armada. Una de las cosas que más me gustó de volver a este libro antiguo fue la posibilidad de confirmar o refutar esa sensación que me había quedado de que estos libros eran muy cuidados y debo decir que tenía razón... bueno, casi, hacia el final el libro comienza a tener algunos problemas de edición, pero son tan mínimos que estoy seguro que cualquiera que tenga de la segunda edición en adelante, ya no tiene esos problemas.

Es una novela que se lee rápido, que está llena de infancia para aquellos que nacimos en los noventa y en los ochenta, y que sin duda merece ser releída aunque más no sea para recordar (del latín recordari que significa volver a pasar por el corazón).

La segunda perspectiva con la que lo veré es desde el 2017. Me temo que en este sentido el libro no ha envejecido muy bien. Hay muchas situaciones que yo recuerdo haber vivido y que eran tomada como normales (sin importar si lastimaban o no a alguien) y que son fielmente reflejadas en este libro, eso es a la vez algo bueno (pues demuestra la capacidad de la escritora de reflejar la realidad) y algo malo, ya que al no estar tan separado en el tiempo como para que las palabras no afecten a una nueva generación se vuelve un arma de doble filo. Respecto a esto debo plantear dos de los más grandes problemas: uno de ellos es la posibilidad y miedo (que luego es reforzado por la amenaza real) que tienen las niñas de que los chicos les peguen como venganza a una pequeña broma que le jugaron; la segunda de cierta forma está conectada dentro de la trama y es la utilización de una niña, que siempre aparece mencionada y nunca en escena, como chiste debido a su peso, haciendo referencia a que es gorda o simplemente llamándola Carola, la gordita cacerola, como si fuera su nombre (a tal punto que llega a ser el título de uno de los capítulos).

No puedo evitar que eso me afecte, ya que pasé toda mi infancia con sobrepeso, siendo insultada con nombres de animales o con comparaciones crueles. Sin dudas es algo que refleja la mentalidad infantil, pero no creo que sea justo convertir a un personaje que es humillado en una carta del juego en lugar de una persona con la misma profundidad que los que no tienen sobrepeso; y marcar así la diferencia que los niños ya sienten entre los normales, que merecen ser personajes de historias, y los gordos, que solo somos chistes.

Sin embargo, debo agregar, que esto es una excepción en la literatura de Helen Velando. De hecho, tiendo a asociar a Velando con inclusión y con inocencia de la buena; con personajes profundos, variopintos y bien armados. 
Aquellos que leyeron mi recomendación del día del niño sobre los Cazaventura saben que esta es una autora que adoro y simplemente creo que Detectives en el Parque Rodó tiene errores entendibles por ser su primera novela y algunos puntos discutibles, en término de valores que transmiten, que más que nada se ven afectados por el hecho indiscutible de que en casi veinte años hemos avanzado mucho como sociedad para crear un espacio donde hay menos odio, menos diferencias y más aceptación. Saber esto hace que leer este libro me haga feliz, pues sé que ese es un mundo en el que no crecerán mis sobrinos ni mis hijos; y aunque siempre habrá niños que se porten mal y digan cosas crueles, la sociedad en la que vivimos no lo avalará y se encargará de educarlos en un ambiente más abierto aún que el que nosotros tuvimos.

Y con esto me despido de mi primer #HelenThursday, prometiéndoles que la próxima traeré una reseña mejor, con un libro más maduro de esta escritora que no puedo dejar de recomendar a todos.

Abajo les dejo links a todas las reseñas que hemos hecho, ¡no se olviden de pasar por todas ellas!

Reseña de La isla de los vientos prohibidos de Sofi - Erial

Reseña de La trapecista solitaria de Sofi - Erial

Reseña de La trapecista solitaria de Ana Claudia - El Refugio del Dragón de Tierra



Reseña de Zesu - Adictaaa





P. D: Y si notan la longitud que tiene este post entenderán por qué normalmente hago recomendaciones y no reseñas (créanme que sigo sintiendo que le falta mucho para ser una reseña buena, pero debía terminar de escribir en algún momento).



sábado, 7 de octubre de 2017

IIAAV #4

Confession time


Lord Tyburon revisó las pistolas exactamente tres horas antes del momento acordado para el duelo. Tradicionalmente los duelos se efectuaban al amanecer, pero en aquel caso ambas partes habían acordado llevarlo a cabo una hora antes —pese a ser una tradición bien asentada, estaban pasando por un período de denuncia contra la práctica y no había necesidad de alertar a ojos opositores—, llevarían sus propias luces, cinco sirvientes a cada lado ayudarían a iluminar, y también los padrinos, con sus propias linternas de aceite.

Como parte ofendida, Lord Tyburon tenía el derecho a llevar sus propias pistolas, aunque, por supuesto, serían revisadas por el padrino de su contrincante: Sir Wesley Fawkes. El muy bastardo se la había estado buscando desde hacía varios años, comiéndole el oído a sus contrincantes políticos para desbaratar su principal red comercial hacia América. Finalmente, ambos habían intentado empujarse al punto de quiebre para que uno de ellos retase a duelo al otro. Lord Tyburon había decidido tomar la iniciativa y acabar con el tema de una vez por todas.

A las cuatro y veinte de la madrugada llamó a uno de sus sirvientes y pidió que prepararan el coche. Los otros cuatro sirvientes que iban a formar parte de su séquito ya estaban esperando en el hall principal con las lámparas en sus manos, pero apagadas todavía. Su padrino lo esperaría en el punto de encuentro cerca del río. Llegarían separados y volverían separados, era la forma que tenían de no levantar sospechas.

Unos minutos más tarde los seis estaban en camino, y antes de las cinco Lord Tyburon y Alan Bagley —su padrino— ya se encontraban en el lugar del duelo esperando a su contrincante. Uno de los sirvientes le pasó la caja con las pistolas a Alan, quien las revisó como se suponía que hiciera. Mientras esto ocurría Sir Wesley Fawkes apareció con su propio séquito iluminando el camino.

Los duelistas se dedicaron una mirada de reconocimiento y de inmediato enviaron a los padrinos a hacer los intercambios necesarios —el más importante de ellos sería la selección de la pistola por parte del padrino de Fawkes—. Nadie argumentó en contra del encuentro, no hubo pedidos de perdón, nadie confesó nada. Los momentos de tregua se agotaron y cada padrino volvió junto a su duelista con la pistola en mano.

A Lord Tyburon no se le escapó el hecho de que su contrincante no había traído a un médico, como se suponía que hiciera. No era tan grave, ya que era sabido que el propio Alan Bagley era médico, pero sí era curioso. Se suponía que el duelo sería a primera sangre, pero aparentemente Fawkes tenía otras ideas en mente. Tyburon sonrió.

Con los diez sirvientes iluminando el terreno de duelo y todas las espaldas enfrentándolos, los dos duelistas cargaron sus armas y se dedicaron una última mirada antes de que los gritos de los padrinos indicaran los pasos que debían dar antes de enfrentarse. Una mirada seca, llena de nada, significándolo todo.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve…

Al grito de diez, ambos hombres voltearon y dos disparos hicieron eco en la oscuridad de la noche. Solo uno de ellos fue certero. Lord Tyburon cayó sobre su espalda debido al empuje de la munición al alojarse en su hombro. Los padrinos se voltearon inmediatamente y Alan Bagley corrió junto a su amigo para inspeccionar la situación. Lord Tyburon colocó una mano en la de su amigo cuando este intentó revisar la herida, luego asintió con una sonrisa cubierta en sangre.

Sir Wesley Fawkes se acercó a su contrincante mostrando unos dientes que demostraban toda la culpa que sentía. Llegó a carcajear antes de llegar al límite del campo de visión de Tyburon. Los sirvientes de uno y otro lado se acercaron para servir con sus luces a la situación, llegando a estar envueltos en un círculo de lámparas de aceite.

—Patético —exclamó Fawkes— Tu puntería deja mucho que desear, esperaba más...

—No así la tuya —respondió Tyburon con más tranquilidad de la que merecía la situación.

—¿Sabes? Ha sido divertido jugar contigo —continuó hablando Fawkes como si el otro no hubiera dicho nada— Debería habérseme ocurrido antes, no hubiera pasado tantos años encerrado si hubiera sabido que podía jugar con gente como tú.

—¿Jugar? —preguntó Tyburon desde el suelo.

—Oh, pobre Lord Tyburon. Discúlpame, debería haberme presentado como soy antes de haber dicho eso —dicho eso observó a su contrincante nuevamente, pero esta vez su mirada era diferente, sus ojos parecían brillar a pesar de la oscuridad, y, sí, no podía haberse equivocado, sus dientes habían cambiado, ahora sus colmillos eran como los de un depredador.

—Eres…

—Un vampiro, sí —asintió con sorna.

Por supuesto Fawkes hubiera esperado que todos, incluso sus sirvientes, reaccionaran de algún modo, probablemente corriendo. Pero nadie se movió, como si en cambio acabara de revelarles que en un par de horas llovería. La sonrisa de Fawkes se borró un poco. Aquello era extraño, sin embargo, su oponente seguía estando en suelo y él seguía siendo un depredador rodeado de deliciosas presas. Debía mantener la compostura.

—Eres una criatura interesante Fawkes —dijo de pronto Lord Tyburon irguiéndose sin problemas, sin quejarse siquiera de la herida que seguía sangrándole en el hombro.

—¿Qué quieres decir? —Fawkes retrocedió un paso, no le estaba gustando aquello, ya no se sentía tan seguro como antes.

—Quizás, si no hubieras estado tan concentrado escondiéndote durante años, hubieras sido un poco más inteligente al elegir a tus enemigos, chico —rio Tyburon.

—¿Qué…? ¿Por qué puedes…?

—¿Por qué puedo caminar con una bala en mi hombro? —sonrió— Bueno, verás, no eres el único de tu especie en esta ciudad… de hecho, no eres el primero.

Lord Tyburon sonrió dejando a la vista sus también muy filosos dientes. La cara de Fawkes se parecía mucho más a lo que hubiera esperado que los demás hicieran cuando él hizo su revelación.

—Esto… no es posible.

—Oh, sí, es muy posible —sonrió Lord Tyburon, deshaciéndose de su saco de abrigo, que pegoteado solo resultaba una molestia— Los vampiros nos hemos infiltrado en la nobleza durante siglos. Es mucho más fácil que esconderse en un bosque y salir a buscar víctimas desprevenidas y, como tú mismo acabas de averiguar, es de hecho muy divertido. Lamento mucho tener que cortar tus alas tan prontamente.

La voz de Lord Tyburon sonaba casi tan triste como aterradora.

—No… no podrás, no puedes atraparme —Fawkes se volteó con una velocidad vertiginosa, pero fue detenido a la misma velocidad— ¿Qué demonios…?

Uno de sus propios sirvientes lo tenía agarrado por un brazo… muy fuertemente.

—Oh, debí haberte revelado esto antes, mi querido Fawkes —dijo Lord Tyburon a unos pocos metros— Cuando nos infiltramos, los vampiros nos aseguramos de tener todos nuestros frentes cubiertos de nuestra propia sangre.

Como si acabara de darles una orden, doce pares de ojos brillantes se clavaron en Fawkes. Si hubiera tenido un corazón latiente, se hubiera detenido en aquel momento.

—¿Tú también…? —la voz de Fawkes era ya una súplica al mirar a su propio padrino sintiendo la profundidad de la traición.

—Ya saben qué hacer —pronunció Lord Tyburon volteándose en dirección a la ciudad— No se demoren, el sol sale en una hora.

—No… Tyburon… ¡No! —lloró Fawkes.

Lord Tyburon se detuvo, pero no se volteó. Fawkes escuchó que suspiraba antes de hablar por última vez.

—¡Patético! ¿Esas son las últimas palabras de un asesino enfrentando a su bien merecido destino? Esperaba más…


Basado en un reto literario de Fernando Rivero... Now you are on.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Te recomiendo un libro #5

Buenas a todos, ¿cómo han estado? Yo he tenido que parar un poco mi mundo para poder acompasar mis trabajos y asegurarme de que los estaba haciendo bien. No sé si a alguien más le pasa, pero al tener más de un trabajo (yo tengo tres) a veces me encuentro pensando en uno mientras estoy en el otro y esto me desconcentra totalmente de lo que estoy haciendo. No es la forma en que me gusta trabajar, por eso he tenido que retrasar las entradas de la semana pasada, porque lo que menos quiero es hacer otro trabajo de forma deficiente.

En fin, hoy les vengo con una nueva edición de Te recomiendo un libro. En este caso la recomendación va para alguien que sé que muchos ya aprecian: Brandon Sanderson y su saga Mistborn.


Autor: Brandon Sanderson
Título: El Imperio Final (Nacidos de la Bruma 1)
Título en inglés: Mistborn: The Final Empire
Primera publicación: 2006
Primera publicación en español: 2012 (aparentemente, no hay información concisa sobre esto)
Sinopsis: Durante mil años han caído las cenizas y nada florece. Durante mil años los skaa han sido esclavizados y viven sumidos en un miedo inevitable. Durante mil años el Lord Legislador reina con un poder absoluto gracias al terror, a sus poderes e inmortalidad. Le ayudan «obligadores» e «inquisidores», junto a la poderosa magia de la «alomancia».
Pero los nobles, con frecuencia, han tenido trato sexual con jóvenes skaa y, aunque la ley lo prohíbe, algunos de sus bastardos han sobrevivido y heredado los poderes alománticos: son los «nacidos de la bruma». Ahora, Kelsier, el «superviviente», el único que ha logrado huir de los Pozos de Hathsin, ha encontrado a Vin, una pobre chica skaa con mucha suerte… Tal vez los dos unidos a la rebelión que los skaa intentan desde hace mil años puedan cambiar el mundo y la atroz dominación del Lord Legislador.


Conocí a Brandon Sanderson hace muchos años, creo que alrededor del 2011, cuando estaba bastante sola en lo que tenía que ver con la escritura y solía saltar de blog en blog, tanto en español como en inglés, buscando consuelo. En ese entonces el blog de Brandon Sanderson mostraba principalmente a su obra Elantris, que se convirtió en seguida en la obra que deseaba leer de él, pero no quería engañarme, era casi imposible que llegara a Uruguay. Después de un tiempo empecé a ver a su obra más conocida: Mistborn en canales de booktubers de hablan inglesa y me llené de emoción. Pero la obra seguía sin llegar... y llegué a olvidarlo.

Esto hasta que me uní al #Clubdelectura.uy

Puedo decir, sin miedo alguno, que una vez llegar al club era cuestión de tiempo a que entrara en el mundo de Sanderson, un mundo en que he querido entrar desde hace años. Debo agradecer a Stephanie, coordinadora del Club, y especialmente Joanna, por su insistencia para que lo leyera de una vez por todas.

Creo que este fue el mejor año para esto, pues empezaron a llegar las nuevas publicaciones (y nuevas ediciones) y Elantris al fin ha llegado a mi costa y es un momento muy feliz para ser un amante de la literatura Sandersoniana.

En fin, a lo que nos trae esta recomendación. El Imperio Final es una novela de fantasía particular, que leí en más tiempo del que normalmente me hubiera tomado. Pese a que es larga: está dividida en cinco partes y tiene casi 700 páginas, se lee con facilidad y agilidad debido a que su contenido es trepidante.

Es muy difícil hablar de esta novela sin hacer grandes spoilers, así que revelaré muy poco de su contenido. Básicamente nos encontramos ante una historia narrada en tercera persona desde dos puntos de vista (tres, si tomamos en cuenta el Prólogo), ambos personajes son especiales por sus habilidades y ambos se encuentran, a su manera, solos en la vida. Por un lado tenemos a Kelsier, un hombre que debería estar muerto, pero que en cambio sobrevivió lo imposible y se hizo con poderes que nunca creyó que podría poseer; él es el líder del grupo, especialmente en el plano intelectual, y es un personaje del que poco se puede decir sin arruinar las sorpresas que trae la historia para con él. Vin es una niña abandonada, vive con un grupo de ladrones, de quienes también debe protegerse por si acaso, su hermano la abandonó, su madre intentó matarla y su padre, si hubiera seguido las leyes, debería haber matado a su madre mucho antes de saber si estaba embarazada.

La sociedad está sumida en una guerra de clases perdida, donde los skaa son los sirvientes y esclavos de la clase dominante de nobles y estos propios nobles no son más que piezas en el juego del Lord Legislador, de quien se dice que es un dios y ha estado gobernando el mundo conocido desde hace más de mil años. No solo esto, Lord Legislador es el salvador, es ese personaje que la profecía estableció que debía salvar el mundo... y lo hizo, solo que después decidió que sería buena idea quedarse con él.

O al menos eso es lo que sabemos. La novela te lleva por las calles de Luthadel (la capital) y te hace aventurarte a las afueras, siempre al ritmo de los nacidos de la bruma, quienes queman metales para obtener poderes sobrehumanos.

Considero que esta obra es maravillosa, no solo por su historia, sino más bien por sus personajes. Quienes me conocen saben que yo suelo amar las historias de personajes más que las historias que se basan en tramas (complejas o sencillas), amo ver a los personajes evolucionar, volverse más complejos, o simplemente mostrar la hilacha que mantenían oculta.

En ese sentido Mistborn lo tiene todo. Lo recomiendo ampliamente a todos amante de la fantasía, a todo amante de historias con complejidades políticas, a los amantes de las historias de ladrones y de asaltos y especialmente a los amantes de las historias de personajes, porque no se verán decepcionados. Otro punto importante que tiene la historias es que, a pesar de ser tres libros, el primer libro se puede leer como autoconclusivo y disfrutarse mucho, así que, quienes tienen miedo o no quieren embarcarse en una saga (y menos tan larga como esta), pueden probar leer el primer libro como único y de todas formas experimentar la narrativa de Sanderson en su plenitud.

Los dejo con esto, que no es poca cosa porque no cualquier saga tiene la virtud de dividirse en historias autoconclusivas que a la vez se continúan la una a la otra, y los invito a leerlo y formar parte de este club de fans de Sanderson que cada día se va ampliando más y más en nuestro país.



domingo, 17 de septiembre de 2017

IIAAV #3

Roja espera

La estación estaría envuelta en sombras. Como siempre. Las reformas del subterráneo habían dejado de lado aquel andén, convirtiéndolo en un lugar seguro. Convirtiéndolo en su hogar.

De vez en cuando las luces artificiales se encendían y podía escuchar al carro de mantenimiento en las vías abandonadas. Había veces que se molestaba en alejarse,en un pequeño acto de bondad hacia la humanidad a la que ya no pertenecía. A veces no.

De esos momentos había nacido su leyenda,y tan solo se había enterado que ese era su estatus cuando lo escuchó de la voz de unos incursionistas urbanos. Los dejó ir esa vez,sin darles siquiera una pizca de lo que buscaban... ella. En su mente aquello era lo mejor que podía hacer por quienes le hicieron sentir (en su habla, en su entusiasmo casi infantil por la leyenda que era ella misma) que podía olvidarse del verdadero motivo por el que estaba allí. El motivo por el que esperaba todos los días, sin excepción, a que la muerte le llegará de una vez por todas.

Pero no llegaría nunca. Al menos no para ella.

A pesar de que podía salir durante el día, ya que su habitáculo no sería besado por los rayo solares, todo era más leve durante la noche, por eso la prefería. Su mente estaría más atenta, menos letárgica. Sus sentimientos estarían aplacados por el millar de estímulos que ofrecía el silencio inhumano de las profundidades. No sentiría tanto la culpa que la acompañaba eternamente. Su vientre no parecería sangrar, aunque en el fonda siempre lo haría, tiñendo de rojo el vestido que llevaba aquel día, cuando todo se vino abajo, cuando salió corriendo de la oficina médica y se lanzó a la oscuridad del subterráneo dónde encontraría su final... su principio.

Seguía quedándose allí a pesar de todo. Por las dudas, por si acaso todo había sido un sueño, por si todo en su cuerpo seguía en su lugar, por si descubría que nada la había mordido, que no se quemaría en la luz... que los intrusos no sabían tan rico.

Un sonido la sacó de sus cavilaciones. Estaba cerca,lo suficientemente cerca. En una noche normal no le importaría escucharlo, pero desde que había dejado ir a los incursionistas había un dolor incesante en su estómago que nada tenía que ver con su herida mortal.
Al instante sus fosas nasales se llenaron de su olor. Su maldito olor. Estaba conformado principalmente de alcohol, pero había algo mucho más estimulante mezclado.

−Mierda −se le escapó. Rara vez hablaba, pues no había nada a lo que hablarle, así que su voz se le antojó extranjera.

...

Ben trastabillaba por las escaleras sucias y abandonadas de la estación C. Había ido a parar allí tras una pelea en el bar, lamentablemente no podía decir que aquello fuera poco habitual. Tampoco era extraño que terminara en un lugar lejano, abandonado y oscuro y que al despertar no supiera cómo había llegado allí. Se podría decir que a esa altura Ben estaba acostumbrado a no entender nada de lo que le pasaba.

No recordaba por qué había iniciado la pelea ni contra quién había peleado. Solo tenía la vaga idea de que no había ganado. En parte porque estaba internándose en un agujero oscuro, en lugar de seguir bebiendo; en parte porque su ojo le dolía y podía sentir un largo río de líquido que salía de su nariz.

Iba a tener mucho que explicar en la mañana cuando llegara al trabajo. Tristemente, tampoco podía decir que fuera algo extraño encontrarse a las altas de la madrugada pergeñando excusas.

Logró llegar al final de alguna de las escaleras, era mucho saber cuáles, y se sentó para intentar examinar los daños y dejar que su cabeza se asentara y dejara de girar.

Dio un largo respiro antes de atinar a sacar un pañuelo de su bolsillo. Siempre llevaba un pañuelo de tela, gusto adquirido gracias a su abuelo, que le enseñó también lo que era un bar. Se apretó la nariz con fuerza y cerró los ojos para poder concentrarse en alguna idea sin que el mundo se empeñara en moverse. Fue entonces cuando lo sintió, frío, un frío que nada tenía que hacer en aquella noche de julio en Montreal.

Alzó la mirada, pero no vio nada. Su cuerpo, sin embargo, le indicaba que algo estaba allí, que algo lo miraba. Que algo lo cazaba. 

Se levantó alterado y trató de correr escaleras arriba. No sabía lo que estaba allí, la lógica indicaba que no podía ser nada, pero la lógica y él jamás se habían llevado bien. Y hacía frío, mucho frío.

Subió un par de escalones pero se tropezó y cayó al suelo, con tal habilidad que se golpeó la cabeza. Estaba acelerado, desesperado, pero su cuerpo le permitió levantarse otra vez y volver a correr.

No llegó lejos. Unas manos heladas le rodearon los hombros y en un parpadeo sintió algo punzante en la yugular. Y luego ya no sintió nada.


Basado en el video: Top 3 Scariest Canadian Urban Leyends of All Time! de Kaylena Orr

lunes, 28 de agosto de 2017

Te recomiendo un libro #4

¡Buenas a todos! ¿Cómo han estado? Hoy toca otra vez un Te recomiendo un libro, el cuarto en la serie y el sexto libro recomendado. Esta vez le toca a un libro ameno, muy fácil de leer y muy atrapante de un escritor nacional: Luces de Neón. Antes de empezar la recomendación tengo que detenerme a agradecer al #Clubdelectura.uy y al Museo Zorrilla por la oportunidad de conocer al escritor como parte del ciclo Hablan los Autores. También tengo que agradecer específicamente a Stephanie de Al filo de las hojas por prestarme el libro en cuestión, ¡mil gracias!


Autor: Rodolfo Santullo (1979, México DF, México)
Fecha de publicación: 2016
Páginas: 144
Sinopsis: En una noche en la playa, el argentino Pablo Gorland 
devenido en empresario que intenta reconstruir un viejo hotel casino en Atlántidarecibe una brutal golpiza que lo deja al borde de la muerte.
Su hermana, Irene, contrata al ¿investigador?, ¿sicario?, Harrison Rey para encontrar a los culpables. Pero las razones de esta historia bien pueden encontrarse treinta años atrás, en un robo pergeñado a la salida mismo de la Dictadura.
Santullo trae de regreso al inescrupuloso Harrison Rey para desentrañar una trama de traiciones, asaltos frustrados, venganzas, codicia y sueños rotos donde, por supuesto, los límites entre el bien y el mal son imperceptibles.


Leí este libro gracias al #Clubdelectura.uy, pues sabía que íbamos a tener la charla con el autor el 29 de junio. Fue Stephanie quien me proporcionó la copia, con la idea de conocer un poco más al autor antes de formar parte del encuentro. Como ya he mencionado otras veces en el blog, estos últimos años, especialmente este último, he estado sufriendo de trastornos del sueño, ansiedad y depresión, lo que lamentablemente me ha dejado exhausta y sin energías, también me resulta muy difícil concentrarme en una lectura, por lo que he leído muy poco y si me voy a sentar a leer prefiero saber de antemano si el libro tiene cualidades que me pueden gustar o no, para hacer más amena la lectura. En este caso sabía muy poco, salvo que era novela negra, o al menos una novela que toca temas compartidos con la novela negra, y que era un libro corto y tenía muy pocos días para leerlo. ¡Sin presiones!

Stephanie me había comentado que era sencillo de leer, y sabiendo que era corto, decidí hacer el esfuerzo, sin dudas valió la pena. Si bien a mí me tomó un par de sentadas, estoy segura que este es un libro para leer de una en un período muy corto de tiempo. La historia es atrapante desde el principio, con personajes que crean  inmersión y una doble perspectiva pasado-presente que no crea favoritos (no sucede lo que a veces pasa en libros con doble perspectiva que hace desear terminar una parte para leer prontamente la otra que uno cree que es mejor).

Es muy difícil hablar de un libro que basa su trama en el misterio sin crear spoilers, así que voy a evitarlo lo más posible. Pero sí puedo decir que la trama del libro te empuja a consumir la siguiente página para conocer un poco más de todo el asunto. Sin ser una apología de los criminales sí crea una imagen humana y realista de ellos, dándoles es tan pocas páginas la posibilidad de ser detestados, temidos y comprendidos.

Personalmente creo que es una historia redonda, que te da una mirada fresca del género, sin convertirse en una historia necesariamente oscura (aunque tenga elementos de lo más espeluznantes). La prosa es absolutamente impecable, sin duda hija de uno de los mejores escritores nacionales que tenemos en este momento. Les invito a leerlo, especialmente si están en un bloqueo lector, pues se consume con facilidad.

Este libro se puede encontrar con facilidad en las librerías, y si no lo encuentran, ¡recuerden que preguntarle a su librero no es un pecado!



sábado, 26 de agosto de 2017

IIAAV #2


Dulces sueños


Lo había estado observando desde hacía meses. Sabía que no debería haberse acercado. Aquella casa era la peor opción que podría haber tomado, demasiado riesgoso, demasiado obvio. Pero no podía evitarlo, había una fuerza más poderosa que lo seguía llevando al mismo lugar cada noche, al punto de que si no la obedecía se volvía doloroso.

Quizás estaba engañándose a sí mismo. Demonios, ¡por supuesto que estaba engañándose a sí mismo! Pero después de trescientos años de existencia, seguía siendo igual de débil ante las explosiones emocionales.

Su primera incursión en la casa hacía dos semanas había sido un completo desastre. Había intentado usar las alas con las que había nacido, pero el remedio había sido peor que la enfermedad, si hubiera entrado caminando, por la entrada principal, mientras la familia cenaba en el comedor, no habría sido tan terrible como lo que efectivamente había ocurrido. La extensión de sus alas —unido al largo de sus dedos— era demasiado para la cocina donde se encontraba la puerta trasera, y había terminado tirando platos, vasos y potes de harina y azúcar. El piso era un desastre y al cerrar sus alas para tratar de evaluar los daños había terminado por pisar el destrozo y dejar marcas de sus enormes pies y uñas —solo un par, pero eran suficientes—. Se retiró al instante, justo cuando la esposa llegaba por la puerta del garaje con el bolso del trabajo en una mano y el bebé atado en un canguro. Sí, la familia tenía un bebé, ¡estaba siendo un completo idiota! Lo sabía bien.

Se retiró al abrigo de la tarde, cuando ya el sol no podía dañarlo y dedicó el resto de la noche a la caza, olvidando —o mejor dicho, tratando de ignorar— la escena de espanto que había dejado en los suburbios. Su color grisáceo solía ayudarlo a camuflarse en la naturaleza —y solía volar demasiado alto como para que pudieran reconocerlo como un peligro—, pero de todas formas acercarse demasiado a las ciudades era ridículo, completamente estúpido. Pero allí estaba él.

La razón por la que se había obsesionado con esa casa en particular era aún más ridícula. Tenía suerte de no haber encontrado a ninguno más de su especie en el área, en el mejor de los casos se habría convertido en el hazmerreír eterno de la otra criatura, en el peor de los casos, su camarada habría tomado el asunto en sus manos y habría eliminado la posible amenaza. Después de todo, sus sentimientos convertían al sujeto de sus deseos en una peligro para su especie. Nadie quería ser ese tipo, y si ese tipo no podía evitar encapricharse con la comida, normalmente los demás se hacían cargo de que terminara en donde debía terminar —adentro de uno de ellos—.

No podía evitarlo. Había volcado por completo su forma de pensar —normalmente enfocada en urgencias alimentarias— y lo había convertido en un chiquillo asustado, persiguiendo entre las sombras, acobardado, esperando que el otro se moviera primero.

Por supuesto aquello era enfermizo. Había comido a humanos que se comportaran de esa forma antes. Era completamente capaz de darse cuenta de que sus actitudes no tenían sentido para alguien de su especie y serían espeluznantes en caso de que fuera un humano.

Pero es que aquel hombre… Aquel hombre le hacía latir el corazón.

Sí… el marido. El hombre perfectamente feliz y casado, al que había escuchado quejarse innumerables veces de las teorías ridículas de su mujer que estaba asustada por los eventos sucedidos. Después de todo no solo había destruido la cocina, sino que también se había colado por las noches a la casa para verlo pasar del cuarto al baño y luego al cuarto del bebé, completamente a oscuras en su ropa interior — horroroso realmente, eso lo sabía, pero no podía evitarlo—; de vez en cuando la mujer también se aparecía y lograba captar alguna parte de él, lo cual le hacía correr espantada de regreso a la habitación. La teoría más fuerte de la mujer es que había un demonio en la casa. No estaba tan equivocada, algunos incluso dirían que estaba completamente en lo cierto. Pero el hecho era que él no estaba allí para robarle a su primogénito —la pequeña criatura no podía importarle menos, aunque había pasado un par de veces por su cuarto y notó que el bebé sabía perfectamente que allí estaba… y no le provocaba terror—, sino a su marido. Tal vez. En realidad no lo sabía. No podía saberlo. ¿Qué iba a hacer un vampiro como él —alado y de aspecto animal— con un humano? Además que comérselo, claro. Nada de aquello tenía sentido, pero él seguía apareciéndose.

A veces tenía que retirarse temprano; un paso en falso podría significar despertar al bebé o al perro —otra criatura molesta, que no paraba de ladrarle cuando lo percibía—; pero aquella noche llegó hasta la puerta de la habitación cuando todo el mundo ya dormía profundamente.

Nunca había llegado tan cerca. Se preguntó si debía entrar, si acaso debía aprovechar aquella oportunidad única y acercarse lo más que pudiera a aquel hombre. Era tan extraño, se sentía nervioso, sus instintos ni siquiera se enfocaban en la sangre, era como si ya no importara. Una habitación llena con casi doce litros de sangre —si contaba al perro— y lo único que le interesaba era tocar la mejilla de aquel hombre, solo un poco, solo para ver cómo se sentía. Podía hacerlo muy rápido, tendría cuidado de no tocarlo con sus garras, no quería lastimarlo.

Había colocado su enorme mano en el marco de la puerta, sus ojos amarillos apenas asomados, espiando, tratando de generar coraje para dar un paso hacia adentro… Y entonces ocurrió. Escuchó la respiración del hombre volverse controlada al tiempo que el perro abría los ojos y lo enfrentaba directamente.

¡Demonios! ¿Demonios? ¿Tenía sentido insultarse a sí mismo?

El animal saltó de la cama y comenzó a ladrar con fuerza. Sabía que no habría vuelta atrás. El hombre abrió los ojos bien grandes al notar sus largos dedos y, por alguna razón que todavía no sabía explicar, salió saltando de la cama en dirección hacia él.

¿Lo estaba persiguiendo? ¿De verdad? Nunca entendería a aquellos humanos que corrían hacia el peligro, en lugar de huir de él. Pero ahora no tenía escapatoria, debía desaparecer. Salió disparado por el pasillo y giró a la izquierda, hacia una habitación a oscuras.

El hombre y el perro lo siguieron de cerca, seguramente estaban corriendo al máximo de sus posibilidades, pero para él fue como una carrera en cámara lenta. El hombre prendió la luz de la habitación. No había ventanas allí. Era un baño de invitados, si hubiera estado prestando atención —como lo habría hecho si en lugar de encapricharse con un humano lo estuviera cazando— hubiera sabido que no tenía que meterse allí. Pero no había estado prestando atención y como resultado estaba acorralado.

El hombre en la puerta, sin embargo, parecía completamente desorientado. Su pelo ondulado, despeinado por estar recién levantado, y sus ojeras permanentes —desventajas de tener una cría de seis meses— le dieron una apariencia bastante bobalicona mientras trataba de comprender por qué no veía nada. El perro, por otro lado, ladraba decidido hacia la esquina. Hacia su esquina. Allí donde se había metido, arrollado, con sus alas abrazándolo y los pies pegados al techo.

Entendió entonces. Él había querido desaparecer, eso le dio la habilidad que, durante toda aquella temporada, había olvidado que tenía… volverse invisible, o mejor dicho, volverse invisible a ciertos espectros de luz.

Era bastante estúpido que no lo recordara, pero, después de todo, toda aquella situación era ridícula. El hombre se cansó eventualmente y él lo vio desaparecer por el pasillo en sus calzoncillos azules.

No pudo salir de la casa hasta la noche siguiente. Los humanos lo habían olvidado. Pero el perro siguió allí hasta que lo sacaron a pasear al atardecer.


Se alejaría de los suburbios por un tiempo. Corazón latiente o no, debía trazar un mejor plan antes de hacer la siguiente tontería.


Basado en: no lo recuerdo (link pendiente), probablemente por Be. Busta.

jueves, 24 de agosto de 2017

Te recomiendo un libro: especial nostalgia #6

¡Feliz día de la nostalgia! ¿O debería ser triste día de la nostalgia? Como sea, hoy celebraremos con una entrada de Te recomiendo un libro: especial nostalgia muy muy especial. El día de hoy les presentaré al que fue mi primer libro favorito y un libro que me acompañó durante años en el camino de la lectura. Se trata de El fantasma del palacio.


Autora: Mira Lobe (1913 - 1995)
Título original: Das Schlossgespenst
Primera edición: 1976
Primera edición en español: 1983, El Barco de Vapor. (Mi edición es la octava 1988).
Edad recomendada: A partir de 6 años.
Edad a la que lo leí: 4 o 5 años.
Sinopsis: Un solitario fantasma de palacio pone un anuncio: «Habitante de palacio se busca urgentemente». El pintor Balduíno, su Princesa y Wuff se van a vivir con él. Los cuatro viven numerosas aventuras antes de hacerse amigos.




 Este libro es extra especial para mí. De él solo conozco una copia, la mía, que vino a caer en mis manos como herencia de mi prima Nía cuando yo era muy chiquita. De inmediato se convirtió en mi libro favorito. Quizás porque, a pesar de mi temprana edad, ya quedaba claro que la fantasía sería mi camino. Quizás porque en la soledad del fantasma podía identificar mi propia soledad y la llegada de Balduíno y sus mascotas presentaba una esperanza para mí también.

No puedo explicar de forma racional como un cuento tan corto y lleno de ilustraciones todavía tiene a mi corazón de su lado. Es uno de esos tesoros de la infancia que todos tenemos y que defendemos con uñas y dientes. Esta historia significaba mucho para mí en su momento, porque me permitía sentirme acompañada, porque me dejaba dar rienda suelta a la imaginación y creer que la magia existía. Es una historia especial, porque trata con uno de los amores que considero más importantes en la vida: la amistad, y lidia con un tema que todos tarde o temprano sufrimos: la soledad. Este libro fue mi compañero, mi luz, mi pedacito te magia y no puedo sacarlo de mi lista de favoritos.

Siempre tendrá un lugar en mi corazón por ser el primero de mis libros favoritos, un libro que leí al punto de dejar en condiciones tales que no deseo tocarlo más para no destruir su historia. Algún día me gustaría comprarme otra copia (sé que se ha hecho una edición más nueva, pero jamás llegó a Uruguay) para continuar leyendo y compartirlo con mis sobrinos y mis hijos.


¡Gracias por acompañarme en esta semana de reseñas nostalgiosas! Mañana sale una extra, para todos los que estén libres el día de la independencia (lamentablemente tuve que cancelarla). Espero que tengan una hermosa noche de la nostalgia y no se olviden nunca de aquel niño que fueron.

Edit: Gracias a Fernando por proponer en los comentarios que cada uno coloque a su pequeño tesoro literario. Un libro tan importante y que los marcó tanto durante la infancia, que sin importar qué siempre estará abrigado en sus corazones. ¡Espero sus respuestas!

miércoles, 23 de agosto de 2017

Te recomiendo un libro: especial nostalgia #5

Ya casi es el día de la nostalgia y por lo tanto hoy vamos a festejar con un libro muy especial que llegó a mi vida cuando estaba en mis primeros años de la escuela. Se trata de mi libro favorito de Roy Berocay: Pateando Lunas.

Autor: Roy Berocay (1955, Montevideo, Uruguay), Roy Berocay en Facebook.
Primera edición: 1996, Alfaguara Infantil. (Mi edición actual es la séptima del 2002).
Páginas: 166
Edad sugerida: A partir de 10 años.
Edad a la que lo leí: 6 o 7 años.
Sinopsis: Dado que no existe una oficial, voy a tener que crear la mía propia: Maite es una niña de nueve años, algo bajita y flaca pero con unas piernas muy fuerte, y, además, Maite ama jugar al fútbol. Sin embargo, su familia y las personas que la rodean no creen que sea una actividad apropiada para una niña. Una historia dulce y divertida que demuestra que una sola niña pequeña puede romper esteriotipos a pelotazos.


Como dije más arriba, este libro llegó a mí de una forma inusual (inusual para mí, al menos, dado que la mayoría de mis libros favoritos me entraron por los ojos primero), y fue durante una clase en segundo de escuela en la que, por una razón u otra, mi maestra tuvo que faltar. Ese día tuvimos a una de las coordinadoras del colegio y nos leyó varios cuentos, entre ellos: Pateando Lunas. Fue un libro que amé desde el principio y que luego de ese momento retiré varias veces de la biblioteca escolar para leerlo.

Recién a los dieciséis años me hice con mi propia copia y volví a leerlo y a amarlo. Es una historia que quizás, por suerte, se está volviendo un poco obsoleta, ya que trata los roles de género impuestos (que claramente siguen existiendo) a través de una sociedad que no ve bien que una niña juegue al fútbol (eso por suerte se está perdiendo, aunque siga habiendo mucho trabajo para hacer).

En su momento me llegó al alma porque mis actitudes nunca fueron demasiado femeninas (acorde a quién sabe quién que creía que ser femenina era tal cosa) y este libro me permitió sentirme yo misma, una niña igual que las otras niñas, pero que además le gustan otras cosas que algunos dicen que son de niños pero que, después de todo, la gente está equivocada al respecto.

Para algunas personas sigue sonando tonto que deba haber representación en la literatura, pero lo cierto es que libros como este me permitieron aceptarme como era cuando muchas voces adultas (a quien los niños toman como voces máximas) me decían que tal cosa que hacía era de niño. Sentir que uno solo es quien es (sin el extremo, mucho menos representado, de ser transgénero) pero los demás no te acepten o crean que actúas como algo que tú no crees que eres, es algo extremadamente abrumador para un niño. Es ya suficientemente difícil crecer sin la necesidad de voces externas diciéndote que está mal ser quien eres (cuando no le haces daño a nadie y, al contrario, aportas a tu comunidad), y los libros como este ayudan a que uno sea capaz de anestesiar esos comentarios y, con un poco de suerte, también ayudan a la sociedad a razonar y progresar.

Yo creo que nuestra sociedad ha avanzado mucho desde que leí este libro, desde que fuera extremadamente necesario, pero aún creo que debería leerse, especialmente teniendo muy en cuenta que cuando fue escrito estas actitudes eran mayoritarias y muchas niñas (y niños, por otros gustos) sufrieron por eso.

Es una historia muy dulce, divertida y abierta de mente, que nos recuerda que los niños son niños y que eso no significa más nada que hacer picardías, cometer errores y andar con las rodillas raspadas.